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BarrioCon sabor a España1936

Con sabor a España

1936
La calle de Bolívar, alrededor de 1925.
La calle de Bolívar, alrededor de 1925.

El edificio del Museo Interactivo de Economía hace esquina con la calle de Bolívar que antes se llamaba "de Vergara", en honor a uno de sus vecinos más famosos, el comerciante y alcalde mayor de Tacuba don Antonio Urrutia de Vergara (1598-1667), que había construido ahí su casa.

Gracias a don Antonio, la ciudad contó con su primera "estación de bomberos", porque en una de las habitaciones de su espaciosa mansión se guardaban "cien cubos, cincuenta cubetas, seis escaleras de fierro, doce azadones y dos bombas de agua" para combatir incendios.

Calle de Bolívar, a la altura del MIDE, 2020.
Calle de Bolívar, a la altura del MIDE, 2020.

La calle Bolívar siempre ha tenido una vocación comercial. Desde la época colonial y hasta la fecha, ha sido sede de negocios muy diversos: zapaterías, sombrererías, camiserías, joyerías, baños, hoteles, cafés, restaurantes, fábricas y talleres. Algunos de estos comercios se establecieron en las antiguas accesorias que los Betlemitas habían abierto hacía la calle de Vergara (Bolívar) y San Andrés (Tacuba) con el fin de obtener recursos adicionales para pagar los gastos del hospital y de la orden.

Vista nocturna del Café Tupinamba, en la calle de Bolívar, centro de reunión de exiliados españoles. Julio de 1952. Foto de Earl Leaf/Michael Ochs (Getty Images).
Vista nocturna del Café Tupinamba, en la calle de Bolívar, centro de reunión de exiliados españoles. Julio de 1952. Foto de Earl Leaf/Michael Ochs (Getty Images).

Muchos de estos comercios fueron de extranjeros, sobre todo españoles. Con la llegada de los refugiados republicanos, a fines de los años 30 del siglo XX, algunos cafés de esa calle como el Tupinamba, el Do Brasil, el Campoamor y el Fornos fueron testigos de acaloradas reuniones en las que participaban abogados, médicos, filósofos, actores, escritores, músicos, compositores, comerciantes y periodistas.

Estos cafés fueron un oasis donde los exiliados españoles pudieron conversar sin censura con los mexicanos sobre sus diferencias culturales, sus deseos de derrocar a Franco, la posibilidad de una nueva revolución en México, la Segunda Guerra Mundial o la Guerra Fría.

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