Tercera llamada, tecera... ¡Comenzamos!
1844
En el siglo XIX, sobre la antigua calle de Vergara, hoy Bolívar, en los terrenos que los Betlemitas habían usado como huerta, se construyó el Gran Teatro de Santa Anna, en honor a ese presidente. Más tarde se llamaría Gran Teatro Nacional.
El arquitecto español Don Lorenzo de la Hidalga fue el encargado de construirlo entre 1842 y 1844. Por muchos años fue el mejor teatro que existió en nuestro país. Causaba tanta admiración que algunos lo compararon con el de La Scala de Milán, Italia.

Tenía cupo para casi 2,350 espectadores. Sus butacas de caoba eran muy cómodas; sus espacios interiores, escaleras y pasillos amplios y bien ventilados y su forma de herradura permitía una magnífica visibilidad y acústica.
El teatro contaba también con un hotel para los artistas, un restaurante, así como una serie de novedosos servicios para la época: galería de arte, nevería, sala de billar, guardarropa, además de tres exclusivos salones para fiestas, descansar y fumar.

Durante sus primeros cuatro años de vida estuvo alumbrado con aceite; desde 1846 con gas hidrógeno, y a partir de 1891 con luz eléctrica. Cuenta una anécdota, que en el momento cumbre de uno de los mejores conciertos el gas de las luminarias se acabó y el público tuvo que abandonar el teatro en medio de las tinieblas.
A lo largo de casi 60 años de vida se presentó ahí "lomejor de lo mejor" de la música, la ópera, la danza y el teatro. Ahí se estrenó, un 15 de septiembre de 1854, el Himno Nacional Mexicano.
En tiempos de Don Porfirio se mandó a demoler para ampliar la avenida 5 de Mayo hasta la Alameda, con la promesa de que se crearía un nuevo Teatro Nacional, que hoy conocemos como el Palacio de Bellas Artes.