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ConvivenciaSe me subió el muerto1976

Se me subió el muerto

1976
Niños tomados de las manos en las escalinatas de una vecindad, hacia 1963. Es muy probable que se trate del edificio de Betlemitas. Fotografía de Nacho López (Secretaría de Cultura-INAH-Colección Nacho López, Fototeca Nacional).
Niños tomados de las manos en las escalinatas de una vecindad, hacia 1963. Es muy probable que se trate del edificio de Betlemitas. Fotografía de Nacho López (Secretaría de Cultura-INAH-Colección Nacho López, Fototeca Nacional).

Debido a la antigüedad del inmueble y los distintos usos que tuvo a lo largo del tiempo, los relatos de aparecidos eran cosa común entre los inquilinos de Betlemitas. Diversos sucesos alentaron esas historias: Un accidente mortal ocurrido en la escalera de la vecindad, los frecuentes hallazgos de huesos, ídolos y vasijas, así como la existencia de un túnel o pasillo subterráneo que todos creían conducía a la Catedral y a Bellas Artes.

Algunos vecinos escuchaban pasos en los departamentos, movimiento de sillas en el comedor o de trastes en la cocina, monedas que caían al piso y voces llamando en la madrugada. Otros hablaban de presencias.

El monje sin pies que aparecía en el barandal, bajaba por la escalera, caminaba hasta el patio y se esfumaba en el aire. La mujer que se sentaba en la fuente a medianoche y luego se elevaba para entrar en un departamento. Una monja que caminaba por Tacuba, entraba por el portón del edificio, subía las escaleras y recorría el corredor que conectaba los departamentos. El hombre con hábito y sin rostro que parecía llamarte en silencio en diferentes partes de la casa.

Algunas personas dormían con la luz encendida, dejaban tijeras abiertas debajo de la almohada o regaban agua bendita para evitar la pesadez e inmovilidad que sentían por las noches cuando se les subía el muerto. Cuando todo esto fallaba, la opción era mudarse.

Cuentan que una vez el plomero de la vecindad escuchó una voz que le pedía sacar dos barricas con oro que estaban enterradas para pagar mandas en San Juan de los Lagos y otros lugares. El hombre falleció del susto y no pudo cumplir el encargo. Las monedas, dicen, fueron halladas años después cuando se restauró el edificio.

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