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ConvivenciaJuanita - Segunda parte2004

Juanita - Segunda parte

2004
Un desfile deportivo a su paso por las calles de Tacuba y Guatemala, hacia 1968. Juanita aprovechaba para salir a vender buñuelos durante este tipo de eventos. (Secretaría de Cultura-INAH-SINAFO-FN.MX).
Un desfile deportivo a su paso por las calles de Tacuba y Guatemala, hacia 1968. Juanita aprovechaba para salir a vender buñuelos durante este tipo de eventos. (Secretaría de Cultura-INAH-SINAFO-FN.MX).

Dentro del edificio de Tacuba 17 vivía un señor que se llamaba Humberto Montes de Oca, que hacía placas para el 5 de mayo, para los policías, para los de tránsito. Era un señor muy amable, licenciado él. Era nuestro amigo, pero nosotros no fuimos de compadres. Es que como todo el tiempo estábamos trabajando, ya nada más llegábamos en la noche a dormir, y de lejos: "Hola, buenas tardes" y párele. Con el más que platicábamos era con él. ¡Quién sabe dónde vivirá! Me dicen que tiene un taller por aquí por Belisario Domínguez...

Al principio era muy seguro el edificio. Cuando una muchacha cumplía 15 años, ahí se le hacía su fiesta, en el patio. También cuando había casamientos. Había música y se invitaba a todos los vecinos. Para el 15 y 16 de septiembre se ponían a vender mucha gente en la calle. Hasta nosotros vendíamos buñuelos. Eran cientos y cientos de buñuelos los que hacíamos para poder sobrevivir, porque en ese tiempo mi hija estaba chiquita. Mi esposo falleció, le dio una embolia y yo quedé sola. Me las tenía que ver duras para seguir adelante y pagarle sus estudios. Entonces me dediqué de lleno, porque todavía no trabajaba yo, a hacer buñuelos para vender. Cada departamento tenía su azotea; ahí era donde los hacía.

Deliciosos buñuelos veracruzanos como los que preparaba Juanita. Fotografía de Diego Cano Cabanes.
Deliciosos buñuelos veracruzanos como los que preparaba Juanita. Fotografía de Diego Cano Cabanes.

Nosotros vendíamos refrescos en el edificio y los buñuelos se los entregábamos al Café de Tacuba. Eran muy ricos y famosos, pues son buñuelos jarochos, que no son igual a los que venden aquí. ¡Muy sabrosos, bien grandotes! Esos buñuelos los llevaron hasta Estados Unidos, empaquetados. Iban americanos a comer al café, porque ya ve que es un restaurante de lujo. Y luego les preguntaban dónde los hacían, y ellos les decían "en el restaurante", lo que era mentira.

Con el tiempo fueron cambiando los vecinos de Tacuba 17, porque los hijos tuvieron hijos, fueron creciendo y ya era un desbarajuste. Ya no era el mismo edificio tranquilo de antes. El edificio tenía una portera. Esa señora era la que arreglaba el patio. Lo lavaba, barría las escaleras y todo eso, era la que daba mantenimiento. Pero como fueron cambiando las cosas, ella decía que por qué iba a estar haciendo cosas que la gente no cuidaba. Y en realidad, sí. No cuidaba, echaba basura.

En Tacuba estuvimos 35 años. Apenas hace ocho o diez años que nos sacaron de ahí y nos mandaron aquí a Corregidora. A toda la gente nos sacaron. Mi hija y yo vivimos hoy en dos departamentos muy pequeños, son como palomares.

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