Juanita - Primera parte
2004
Soy Juanita Vázquez. Mi esposo y yo llegamos a México en 1957, el mismo año que murió Pedro Infante. Llegamos a casa de otra paisana, que también era de Veracruz. Ahí estuvimos viviendo varios meses. No traíamos dinero, ni cómo rentar. Estábamos arrimados, durmiendo en el piso sobre cartones. Era un cuarto redondo, que no tenía baño, no tenía agua, no tenía nada. Entonces el hijo de la señora me preguntó si yo sabía cocinar. Y le dije: "Pues sé hacer tamales, sé hacer buñuelos". Y él me dijo: "¿Por qué no haces unos buñuelos?" Entonces le contesté: "Porque no tengo con qué comprar la harina". Y entonces él me prestó para comprarla; el carbón, el aceite, azúcar y un bracero. En ese tiempo creo que eran como 10 pesos lo que me prestó.

Cuando empecé a hacer los buñuelos, los anduve vendiendo en todos los mercados de México. Como no teníamos para comer, nos íbamos a Tepito. Ahí unas señoras se ponían a vender, en unos periódicos, quelites cocidos. ¿No sé si los han visto? Son unas bolitas de hierbas que las ponen a cocer, y luego las sacan y las exprimen. A 10 centavos, a 20 centavos. Comprábamos de ésas, creo que dos bolitas, y medio kilo de tortilla. Y si no, 20 centavos de chicharrón, que ahora ni me gusta olerlo. ¡Menos los quelites! Entonces eso comíamos y una botella de agua de la llave.
Nosotros llegamos a vivir al edificio de los Betlemitas hace 35 años. En un cuartito de madera en la azotea, porque un señor que vendía comida en las calles de Durango le dijo a mi esposo que él tenía un departamento ahí. Luego fueron pasando los años y nos rentaron el departamento 8, que llevaba 20 años cerrado. El dueño dedició que se abriera y, como yo conocía a su secretaria, me dijo que si no me quería pasar ahí. Entonces le dije que sí, pero me dijo que estaba en muy malas condiciones.

El dueño no le daba mantenimiento al edificio, porque toda la gente que vivía ahí pagaba muy poco. Yo pagaba 65 pesos en ese tiempo. POr eso nunca quiso arreglarlo. Eran grietas que usted veía de un lado para otro. El dueño decía que el que quisiera los departamentos que los mandara a arreglar, porque él no iba a poner ni un lavabo ni nada.
Entonces nosotros lo que hicimos fue acomodarnos, comprar las cositas y como pudimos lo fuimos restaurando. Compusimos todo. Los pisos eran de madera, pero como tenían tantos años cerrado el departamento, ya nada más eran puros agujeros. Entonces nosotros quitamos toda la madera que estaba y le echamos piso de cemento. Luego todas las paredes las restauramos, y para que no se viera tan feo, mandamos a tapizar con fotomurales de paisajes muy bonitos.
El tiempo que estuvimos viviendo en Tacuba fue una maravilla. Ahí, en ese departamento, ya estábamos mejor porque teníamos una recámara, sala comedor y cocina. Todas las piezas eran grandísimas... ¡usted podía hasta bailar vals!