Atender al llamado
1768
Los Betlemitas contaban con un noviciado en el que vivían y estudiaban los aspirantes que deseaban formar parte de su comunidad.
Originalmente, estos jóvenes se alojaban en el antiguo edificio del hospital, que también funcionaba como convento. Con el paso del tiempo su númro aumentó y, por esta razón, cuando el conjunto creció hacia las calles de San Andrés (Tacuba) y Vergara (Bolivar) se acondicionó un espacio especial para ellos.

Para poder aspirar a formar parte de la orden, los novicios debían ser hijos legítimos, comprobar la nobleza de sus padres, no tener deudas, gozar de buena salud, llevar una vida honesta y saber leer y escribir. Era preferible haber nacido en España, pero también se aceptaban criollos; es decir, hijos de españoles nacidos en América.
De acuerdo con las normas de la orden, los aspirantes se levantaban a las cinco de la mañana, oraban en silencio y luego iban a misa. A lo largo del día realizaban diferentes labores, como hacer la limpieza, ayudar en la cocina, atender a los enfermos en el hospital y enseñar en la escuela de primeras letras. Debían permanecer por lo menos un año como novicios para poder ser aceptados en la congregación.

En el nuevo convento, el patio de novicios se encontraba aislado y sóo se podía llegar a él atravesando el claustro principal. Se trataba de un lugar de oración y meditación, en el que predominaba el silencio.