Sacudir el temor y dar brío al corazón
1768
Los muros del nuevo convento de los Betlemitas en la Ciudad de México estaban decorados con elegancia. En las habitaciones y los corredores los religiosos mandaron pintar bandas con formas vegetales o adornos en espiral, así como guardapolvos que imitaban barandales sobre los que se apoyaban floreros o fruteros.
Además del escudo de la orden en la decoración de azulejos de los corredores del claustro incluyeron algunas cornucopias o cuernos que representan abundancia, paz, concordia y esperanza; valores fundamentales al interior del convento. También se pueden ver unas flores especiales, las del árbol del esquisúchil.

Cuenta la tradición que Pedro de San José de Betancourt sembró una planta de esquisúchil en la ermita del Calvario, en Santiago de Guatemala. Ese árbol, que hasta la fecha florece con abundancia, es conocido como "el del hermano Pedro" y se le han atribuido propiedades curativas y milagrosas.
El izquixúchitl, que en náhuatl significa "flor como maíz reventado al fuego", era conocido desde la época prehispánica. Algunas princesas solían bañarse en agua perfumada con esa flor.

La flor aparece descrita en el códice de la Cruz-Badiano, el primer texto sobre medicina en América. Ahí podemos leer que el esquisúchil es una planta medicinal que preparada con hierbas y flores "dan al cuerpo robustez como de gladiador; echan muy lejos el cansancio, sacuden el temor y dan bríos al corazón". Algunos estudios han demostrado que esta especie sí tiene propiedades medicinales para combatir el dolor y la infección.
Plasmas el esquisúchil en las paredes del convento betlemita no fue casual. El claustro no sólo era una metáfora del paraíso, un oasis de paz y fertilidad donde curar el cuerpo y el espíritu; también era la representación del primer jardín que el hermano Pedro había sembrado.