¡De milagro!
1667
El capitán Rodrigo Arias de Maldonado y Góngora era un joven ilustre, inquieto y ambicioso, que llegó a ser gobernador de Costa Rica con apenas 22 años.
Rodrigo llegó a Santiago de Guatemala en 1655, en busca de diversión y placer. Ahí encontró a doña Elvira, una mujer casada, a la que inmediatamente empezó a cotejar. Un día, aprovechando la ausencia del marido, la pareja se reunió en casa de ella; estaban a punto de hacer el amor cuando..., ¡ella murió repentinamente!
Aterrorizado, Rodrigo salió a la calle donde se encontró con Pedro de San José de Betancourt. Cuando le contó lo ocurrido el religioso lo regañó, bondadosamente, invitándolo a corregir su conducta. Enseguida, ambos regresaron a la casa de doña Elvira. Ahí, fray Pedro tomó la mano de la difunta y le ordenó, en el nombre de Dios, regresar a la vida, lo que sucedió al instante.

Tras el milagro, Rodrigo sufrió una profunda transformación. No sólo renunció a su fortuna sino a los cargos y privilegios que el rey le había concedido. Fray Pedro lo sometió a diversas pruebas y, finalmente, le permitió formar parte de los Hermanos de Belén, con el nombre de Rodrigo de la Cruz.
Fray Rodrigo fue el heredero y sucesor del hermano Pedro, quien murió cuatro meses después, en abril de 1667. Durante su mandato, que duró casi 50 años, fueron aprobados los estatutos de la hermandad y se la reconoció oficialmente como una orden religiosa, tarea nada fácil ya que requería de la aprobación de la Corona española y del papado.

Al mismo tiempo, los Betlemitas siguieron abriendo hospitales en varias ciudades de América por lo que fray Rodrigo de la Cruz pasó mucho tiempo lejos de Guatemala. Murió en la Ciudad de México en 1716.