Una labor cuidadosa
1999
A mediados de los años 80 el Banco de México decidió concentrar todas sus oficinas alrededor de su edificio de la calle 5 de Mayo. Para ello adquirió diversos inmuebles patrimoniales entre los que se encontraba el antiguo convento de Betlemitas. Consciente de su importancia histórica, cultural y artística lo restauró a fin de devolverle su aspecto original.

Lo que hoy podemos ver fue el resultado de un trabajo de 12 años en el que colaboraron restauradores, arqueólogos, historiadores, arquitectos e ingenieros. El principio básico de su labor fue descartar las hipótesis; es decir, los arreglos debían responder a la información que arrojara el propio edificio y poner de manifiesto los elementos que se recrearan a partir de esas evidencias.

Por ejemplo, para sacar a la luz la decoración de los muros, los restauradores tuvieron que actur con paciencia y cuidado. Primero retiraron con busturí cada una de las capas de pintura vinílica; después tomaron medidas para evitar que la pintura original se siguiera deteriorando; por último, completaron los diseños faltantes y trataron de igualar los colores, pero utilizaron una técnica distinta para distinguirlos de los fragmentos originales.

Las paredes del patio de novicios estaban recubiertas con una decoración de tezontle rojo y negro. Aunque el color rojo de los muros debiera ser uniforme, para restaurarlos se utilizaron dos tonos distintos. La parte más clara es la original; la oscura muestra lo que se perdió.

Al inicio del proyecto se hizo una exploración arqueológica que permitió documentar los restos de construcciones más antiguas. Como resultado de esa investigación, la fuente del patio de novicios fue reconstruída con sus cuatro jardineras o espejos de agua. Sus vestigios se encontraban ¡dos metros por debajo del nivel del piso!